El déficit auditivo representa un continuo en el que se incluyen desde personas con pérdidas leves a personas con pérdida total de audición. Se ha clasificado basándose en tres categorías, según el grado de deficiencia, el momento de pérdida, y el grado de pérdida medida en decibelios realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según el grado de deficiencia:
- Hipoacúsicos: Niños con audición deficiente pero que pueden adquirir el lenguaje oral por vía auditiva, ya sea con la ayuda de audífonos o sin ellos. Tienen un lenguaje funcional aunque es imperfecto en lo que se refiere a léxico, fonética y morfosintaxis.
- Sordos profundos: Niños con tal pérdida que no pueden adquirir el lenguaje oral por vía auditiva, teniendo que recurrir para su adquisición a otros canales, especialmente el visual.
Según el momento en el que se produce la pérdida de la audición:
- Sordera prelocutiva: Sucede antes de que se haya establecido el lenguaje en el niño, es decir, antes de los tres años de edad. En este caso, el objetivo principal será que el niño adquiera un sistema lingüístico organizado.
- Sordera postlocutiva: Se origina en algún momento posterior a la adquisición del habla. El objetivo de intervención será mantener el lenguaje ya adquirido y enriquecerlo a partir de la experiencia acumulada del niño.
La audición resulta fundamental para adquirir el lenguaje oral, así que cuanto más tarde suceda la pérdida auditiva, más experiencia tendrá el niño con los sonidos y el lenguaje verbal, lo que facilitará su evolución lingüística.
Según grado de pérdida de decibelios (OMS):
- Deficiencia auditiva ligera: de 26 a 40 dB
- Deficiencia auditiva media: de 41 a 55 dB
- Deficiencia auditiva medianamente severa: de 56 a 70 dB
- Deficiencia auditiva severa: de 71 a 91 dB
- Deficiencia auditiva profunda: más de 91 dB
- Perdida auditiva total: sin resto de audición
Desarrollo cognitivo del niño:
Conciencia diferente del mundo. La insuficiencia de un sentido dominante en el desarrollo como es la audición genera una conciencia y puede complicar el proceso de aprendizaje de ciertas tareas.
Atención. El niño con deficiencia auditiva se ve obligado a emplear la vista por lo que ha de estar constantemente interrumpiendo la actividad para controlar de forma visual el ambiente. Estas interrupciones dificultan que centre su atención en la tarea lo que llega a obstaculizar la comprensión, especialmente durante los primeros años de vida.
Memoria. Es un factor fundamental para el aprendizaje pues permite asociar la información que llega por las diferentas vías sensoriales. El niño sordo no cuenta con la información del oído, aunque su gran capacidad de atención hacia la información visual puede compensar esa carencia, superando incluso la capacidad de memoria visual de los niños oyentes.
Abstracción. Es la capacidad de extraer las características comunes y generales de las experiencias, que dependen del uso del lenguaje. El niño con sordera se encuentra limitado ya que depende de la experiencia concreta y la disposición de los adultos para obtener información de los acontecimientos, por lo que su aprendizaje es más restringido porque está ligado a la inmediatez de la acción.
Desarrollo del lenguaje:
El niño con sordera nace con una predisposición innata a comunicarse, pero sólo podrá desarrollar una comunicación de tipo gestual. Realizará vocalizaciones de tipo no verbal como el balbuceo, pero a partir de los seis meses de vida empezarán a desaparecer y no desarrollará la palabra. Aún y así, el desarrollo del lenguaje dependerá del nivel y tipo de deficiencia auditiva y el momento de inicio de la pérdida.
- Pérdida de menos de 30 dB: Dislalia (alteraciones en la articulación de los fonemas), problemas de atención, dificultad para oír el susurro o distancias largas.
- Pérdida de 30 a 45 dB: Dificultad para oír en ambientes ruidosos, conversaciones de grupo o con voces suaves. Aunque oiga todo solamente comprende una parte de lo que escucha. Presentan dislalia y retraso general del lenguaje y habla.
- Pérdida de 45 a 60 dB: Necesitan que se les hable fuerte para poder oír. Aparecen errores fonológicos y articulatorios.
- Pérdida de 60 a 80 dB: Distinguen los sonidos del entorno y del habla. Percibe bien las vocales, pero muy mal las consonantes.
- Pérdida de más de 80 dB: No hay adquisición espontánea del lenguaje y se hacen necesarias nuevas vías de comunicación.
- Pérdida de más de 100 dB: Se debe recurrir a la percepción vibrotáctil.
Consecuencias de la sordera en el desarrollo del lenguaje en función del momento de aparición:
- Antes de los tres años: La sordera debe considerarse ya deficiencia auditiva profunda congénita. Las escasas adquisiciones lingüísticas acaban desapareciendo.
- Entre tres y ocho años: Es posible evitar la desintegración del lenguaje si se interviene de forma inmediata y con los medios adecuados.
- Después de los ocho años: El lenguaje adquirido ya no se olvida, aunque es posible que se de cierto empobrecimiento del vocabulario.
La comunicación:
Gesto deíctico. Los niños pequeños se comunican esencialmente mediante el gesto deíctico (señalando con el dedo las cosas) y a través del contacto ocular. Estas conductas son innatas en el desarrollo normal de todo niño, pero van desapareciendo poco a poco en los niños con audición normal. Sin embargo, en los niños con déficit auditivo estas acciones van aumentando y mejorando hasta que aprenden a comunicarse por signos. Aun y así, el niño puede hacer uso de las mínimas capacidades auditivas que posea siempre que la pérdida no supere los 60 dB.
Es importante evitar un problema muy común entre los padres, y es que éstos inconscientemente reducen la frecuencia de las conversaciones orales con sus hijos o establecen una comunicación de forma unidireccional (de los padres al niño, pero no a la inversa). Esto conlleva una reducción del nivel de estimulación que reciben los pequeños y dificulta el mantenimiento y potenciación de sus restos auditivos para el desarrollo del lenguaje.
La lectura y la escritura se verán afectadas también dado que los niños con déficit auditivo utilizan un lenguaje más concreto en sus escritos ya que tienden a emplear sustantivos y verbos y menos pronombres, preposiciones y adverbios, haciendo frases más cortas y sencillas.